domingo, 22 de mayo de 2011

Eliminando la acrilamida e hidroximetilfurfural


Desde hace varios años las entidades que velan por la seguridad alimentaria están preocupadas por la presencia de dos compuestos cancerígenos en algunos productos alimenticios horneados y fritos: La acrilamida, que se puede formar al calentar alimentos que contengan almidón; y el hidroximetilfurfural que se forma durante la descomposición térmica de los glúcidos o azúcares.

Esa preocupación podría estar cerca de pasar a la historia: Un grupo de científicos españoles pertenecientes al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha patentado un producto que reduce en un 80% la formación de acrilamida en algunos alimentos y en un 98% la de hidroximetilfurfural.

La solución desarrollada por el CSIC es invisible y no altera las propiedades de sabor y olor de los alimentos, como ocurría en la mayoría de los métodos ensayados hasta el momento. Está formada por una mezcla de agua y productos naturales, como fibra, antioxidantes, ácido láctico y extracto acuoso de té de canela, entre otros, explican sus desarrolladores.

Así, el producto patentado por el equipo del CSIC pasa a ser la primera cobertura alimentaria que inhibiría simultáneamente ambas sustancias cancerígenas. Su uso es simple: Se aplica en la superficie de los alimentos antes de cocinarlos, que es donde se forma la mayor parte de la acrilamida y del hidroximetilfurfural.

miércoles, 26 de enero de 2011

Valvula coronaria diseñada por el propio paciente

Cuando una enfermedad o mal pone en riesgo tu vida y la solución médica es tan o más peligrosa que el problema inicial, probablemente te den ganas de encontrar o averiguar alguna alternativa más segura, pero si eres un ingeniero probablemente incluso no te detengas hasta encontrar tu propia solución.

Eso hizo al menos el inglés Tal Golesworthy, que en el 2000 le detectaron síndrome de Marfan -enfermedad que afecta al tejido conectivo generando un aumento inusual de huesos, pulmones, corazón, ojos, etc- y que podía ocasionarle una ruptura en la aorta. La solución de los médicos era colocar una válvula mecánica y medicar un adelgazante sanguíneo muy peligroso. A Golesworthy no le parecía buena opción.

Como buen ingeniero, optó por idear su propia alternativa y aplicó pruebas de imágenes por resonancia magnética para luego reproducirlo en el computador y luego hacer un bosquejo donde elaborar su propio aparato; una especie de vendaje tubular en tereftalato de polietileno que previene la ruptura de la aorta.

Golesworthy se hizo instalar su creación en el 2004 y fue un éxito. Otras 23 personas se sometieron a la intervención y varias más esperan poder hacérsela.

Pero el tema de fondo y el mensaje que el afectado le envía a la comunidad médica es aún más elocuente: Busca que los biólogos y médicos en general acepten la colaboración de los ingenieros para solucionar problemas de la medicina que ellos no logran percibir o encontrarles solución desde su ciencia.

Ojalá su ejemplo en carne propia alcance para que sea escuchado. Podría ser un hito importante a favor de la medicina.